San Lorenzo en Madrid

Cuenta la tradición que Lorenzo nació en Huesca en el siglo III y que en su casa se albergó Sixto, enviado porel papa Esteban I al Concilio de Toledo. A su vuelta a Roma se hizo acompañar de Lorenzo y cuando Sixto fue nombrado Papa, Lorenzo se convirtió en su diáconos.

Encarcelado por el emperador Valerio, el papa Sixto II fue condenado a muerte, pero antes de que la sentencia se llevara a cabo, ordenó a Lorenzo que repartiera los bienes de la Iglesia entre los pobres. El emperador encarceló a Lorenzo al interesarse por las riquezas del papado. Ante la negativa de Lorenzo a entregarle dichos bienes, fue torturado y posteriormente colocado en una parrilla donde fue asado hasta morir.

La fama del mártir pronto se propagó por toda la cristiandad, surgiendo infinidad de templos dedicados a su culto. Madrid no tenía ningún templo dedicado a este santo, razón por la cual el arzobispo de Toledo le dedicó el que iba a construirse en el barrio de Lavapiés. Las obras dieron comienzo en 1.666 y concluyeron en 1.670, pero pasarían más de cien años hasta adquirir la categoria de parroquia, momento que luvo lugar en 1.799.

El templo se erigió en el solar de una antigua sinagoga donde solían acudir a rezar los habitantes de la judería, que se extendia por lo que hoy es el barrio de Lavapiés.

En el siglo XIX, en concreto en junio de 1.851, tiene lugar un importante incendio que a punto estuvo de destruir por completo 'la parroquia de las chinches', como se conocía popularmente a la parroquia de San Lorenzo. En 1.906 se acomete la restauración de la torre y la fachada, que hasta entonces eran las zonas más afectadas.

En julio de 1.936 se produce un incendio intencionado que destruye por completo el templo y supone la desaparición del valioso archivo parroquial. En 1.942 comenzaron las obras de reconstrucion y ocho años despues, en 1.950, fue inugurado el actual templo, que en muy poco se parece al primitivo.

En la parroquia se continúa celebrando la Fiesta de San Lorenzo, que tiene como día grande el 10 de agosto, que forman parte de las Fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma. Desde primeras horas de la mañana la iglesia permanece llena de fieles del barrio que veneran a su santo. Por la tarde es sacado en procesión por las calles más importantes del barrio. Es costumbre que cuando finaliza la procesión, los fieles se apoderen de una flor, pues según la tradicion quien guarde la flor todo el año mantendrá salud y trabajo.

Al atardecer, una vez que el santo descansa en su iglesia en el día, según los vecinos, más caluroso del año, la fiesta se apodera de la calle. La música inunda la noche de un Madrid que en agosto recupera su carácter de gran pueblo, donde hoy más que nunca, nadie se siente forastero.

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